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miércoles, 9 de marzo de 2011

El camino de las lagrimas - Jorge Bucay



Aquí les traigo la tercera entrega de los diferentes  caminos que nos presenta Jorge  Bucay. Quizás el que menos me intereso personalmente pero es solo una opinión subjetiva (bueno todas mis opiniones son subjetivas; porque soy sujeto no objeto para ser objetivo)
Volviendo a él libro que nos ocupa y dejando de lado los divagues filosóficos. Podemos encontrar que detrás de cada cambio importante hay una pérdida para elaborar, aún detrás de aquellos cambios que implican modificaciones positivas. Cada vez que algo llega, desplaza lo anterior, que deja de ser.
Y este cambio, sea interno o externo, conlleva un proceso de elaboración de lo diferente, una adaptación a lo nuevo, aunque sea para mejor. Mejorar también es perder.

Como su nombre indica, los duelos… duelen. Y no se puede evitar que duelan. El hecho concreto de pensar que voy hacia algo mejor que aquello que dejé es muchas veces un excelente premio de consuelo, que de alguna manera compensa con la alegría de esto que vivo, el dolor que causa lo perdido. Pero aunque compensa, no evita, aunque aplaca, no cancela, aunque anima a seguir…. no anula la pena.

Inicialmente puede que pasemos por una etapa de incredulidad, que nos sintamos confusos, que neguemos la pérdida. Hay que permitirse sentir el dolor plenamente porque el permiso es el primer paso de este camino y ningún camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo. Es normal explotar desesperadamente, sentir furia, enojarse buscando a quien culpabilizar, y acabar sintiéndonos nosotros mismos culpables por todo lo que podríamos haber evitado o haber hecho. La impotencia nos causa desolación, nos damos cuenta de que las cosas no van a volver a ser como eran y no sabemos con certeza pronosticar de qué manera van a ser. Son momentos de tristeza, de miedos e incertidumbres. Hasta que decidimos transformar la energía ligada al dolor en una acción, lograr que mi camino me lleve a algo que de alguna manera se vuelva útil para mi vida o la de otros. Y nos redituamos en la vida que sigue, aceptamos la posibilidad de seguir adelante sin lo que perdimos.

Vivir los cambios es animarnos a permitir que las cosas dejen de ser para que den lugar a otras nuevas cosas. Hay que vaciarse para poder llenarse. Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior, que nos suena más seguro, protegido y previsible, dejarlo para ir a lo diferente. Pasar de lo conocido a lo desconocido. Eso nos obliga a crecer, a madurar.
El dolor implica estar en contacto con lo que sentimos, con la carencia y con el vacío que dejó lo ausente. Nos produce tristeza y aunque ésta pueda generar una crisis, permite luego que uno vuelva a estar completo, que suceda el cambio, que la vida continúe en todo su esplendor. Un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor. Cuando hemos aprendido a vivir sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente.

En el caso de un divorcio, el duelo significa aprender que la pérdida de este vínculo puede dar lugar a que aparezca una persona que sea más afín con mis gustos y principios.

Por aquí voy dejando este entretenido libro que recomiendo que lo lean. Este escrito de forma menos densa que “el camino del encuentro”” de esa forma es  mas accesible a el publico en general. Dejando un poco  de lado filósofos y pensadores antiguos. Será por eso que me gusto  un poco menos  que sus predecesores. Este es el penúltimo peldaño hacia la realización completa del ser humano (una afirmación un tanto  pretenciosa de Bucay  y mucho mas difícil de realizar) Solo nos queda un ultimo camino. Ese es “”el camino a la felicidad””

Lo mejor:
  • Sencilla lectura pero no falta de contenido
  • Delicadeza al mencionar temas  delicados  como la perdida de un hijo


Lo peor:
  • La repetición de los mismos conceptos de libros anteriores pero con diferentes palabras 


7.5/12
  


sábado, 5 de febrero de 2011

El camino del encuentro-Jorge Bucay


                           
          LA PARÁBOLA DEL CARRUAJE II       


            Integrados como un todo, mi carruaje, los caballos, el cochero y yo (como me enseñaron a llamarme pasajero), recorrimos con cierto trabajo el primer tramo del camino. A medida que avanzaba cambiaba el entorno: por momentos árido y desolado, por momentos florido y confortante, cambiaban las condiciones climáticas y el grado de dificultad del sendero: a veces suave y llano, otras áspero y empinado, otras resbaladizo y en pendiente, cambiaban, por fin, mis condiciones anímicas: aquí sereno y optimista, antes triste y cansado, mas allá fastidioso y enojado.
            Ahora, al final de este tramo, siento que en realidad los únicos cambios importantes eran estos últimos, los internos, como si los de afuera dependieran de éstos o simplemente no existieran.
            Detenido por un momento a contemplar las huellas dejadas atrás, me siento satisfecho orgulloso, para bien y para mal, mis triunfos y mis frustraciones me pertenecen.
            Sé que una nueva etapa me espera, pero no ignoro que podría dejar que me esperara para siempre sin siquiera sentirme un poco culpable. Nada me obliga a seguir adelante, nada que no sea mi propio deseo de hacerlo.
            Miro hacia delante. El sendero me resulta atractivamente invitante. Desde el comienzo veo que el trayecto está lleno de colores infinitos y formas nuevas que despiertan mi curiosidad.
            Mi intuición me dice que también debe estar lleno de peligros y dificultades pero eso no me frena, ya sé que cuento con todos mis recursos y que con ellos será suficiente para enfrentar cada peligro y traspasar cada dificultad. Por otra parte, he aprendido definitivamente que soy vulnerable, pero no frágil.
            Sumido en un diálogo interno, casi ni me doy cuenta de que he empezado a recorrerlo.
            Disfruto mansamente del paisaje ... y él, se diría, disfruta de mi paso, a juzgar por su decisión de volverse a cada instante más hermoso.
            De pronto, a mi izquierda, por un sendero paralelo al que recorro, percibo una sombra que se mueve por detrás de unos matorrales.
            Presto atención. Mas adelante, en un claro, veo que es otro carruaje que por su camino avanza en mi misma dirección.
            Me sobresalta su belleza: la madera oscura, los bronces brillantes, las ruedas majestuosas, la suavidad de sus formas torneadas y armónicas ...
            Me doy cuenta de que estoy deslumbrado.
            Le pido al cochero que acelere la marcha para ponernos a la par. Los caballos corcovean y desatan el trote. Sin que nadie lo indique, ellos solo van acercando el carruaje al borde izquierdo como para acortar distancias.
            El carruaje vecino también es tirado por dos caballos y también tiene un cochero llevando las riendas. Sus caballos y los míos acompasan sus trotes espontáneamente, como si fueran una sola cuadrilla. Los cocheros parecen haber encontrado un buen momento para descansar porque ambos acaban de acomodarse en el pescante y con la mirada perdida sostienen relajadamente las riendas dejando que el camino nos lleve.
            Estoy tan encantado con la situación que solamente un largo rato después descubro que el otro carruaje también lleva un pasajero.”

Así comienza este viaje  el segundo libro de cuatro que conforman esta serie de libros. Lo he leído hace más de un mes pero aun no había tenido ganas  de escribir mi opinión hasta ahora de este volumen.
En El camino del encuentro, Jorge Bucay nos muestra un camino polémico, audaz, seguramente arriesgado: el descubrimiento del otro, del amor y del sexo. A lo largo de sus inteligentes y provocadores comentarios, nos lleva de la risa a la reflexión mientras nos muestra la ruta del encuentro. Debo admitir que me gusto. El estilo sigue siendo sencillo de asimilar para cualquier tipo de lector.  Sin dejar de lado ningún tema por ser “políticamente incorrecto”.    
Pero también la Convivencia, acuerdos, atracción, confianza, contacto, son algunos de los hitos de este trayecto a través del cual, lúcido y provocativo, el autor desarrolla los distintos conceptos de naturaleza humana; desmitifica las creencias más arriesgadas sobre el amor y el sexo en nuestra cultura; estudia las relaciones familiares (los hijos, los hermanos, la familia política) y hace hincapié en la pareja, el enamoramiento y el matrimonio. Bucay, como siempre, nos invita a entrar en el universo de sus ideas, obligándonos a repensar las propias y desafiando nuestro desacuerdo.
Comienza con un análisis de la concepción de las relaciones entre los hombres desde un punto de vista filosófico en el hom­bre: na­tu­ra­le­za so­li­ta­ria o vi­da so­cial”. Exponiendo las diferentes ideas que han aparecido desde fi­na­les del si­glo XVI con  Mon­taig­ne hasta llegar al siglo XX a través  de  Freud, pasando por ejemplo por He­gel, Kant  o Rous­seau.
Visión que me pareció mas que interesante para entendernos como individuo y ser sociable. Se que a muchas personas que han leído el libro esta parte le resulto engorrosa y puede ser salteada sin modificar el contenido central del libro.
Otro capitulo que quiero destacar por su franqueza es el que se refiere a la sexualidad. Nos habla con los términos coloquiales que podemos utilizar con nuestros amigos para hablar sobre sexo.
Diferenciando entre coger,  touch and go y hacer el amor. Sin desprestigiar la valides de cualquiera de estas posturas en la cama (bueno no solo en la cama, también en el baño o la playa).
 La conquista del segundo tramo de esta ruta culmina con el encuentro definitivo de nuestra capacidad de amar al otro...Hemos llegado a la mitad de la ruta trazada. Dos caminos nos faltan hasta la cima. El Primero nos aguarda aquí nomás, es el camino de las lágrimas. Todos alguna ves hemos  perdimos algo que hemos querido mucho y nos cuesta dejar atrás. El último deberá esperar su turno en un nuevo análisis. Aunque yo ya  lo leí.  Luego de transitar estos tres caminos según el autor, llegara el último y mas anhelados  de los caminos: el camino de la felicidad.      


9-12


sábado, 8 de enero de 2011

El camino de la autodependencia - Jorge Bucay


Que es lo primero que piensa los seudo intelectuales al ver un libro de auto ayuda “Esto es para ignorantes y débiles mentales”. Y si esta escrito por Jorge Bucay es aun mucho peor. Yo era uno de esas personas. Me creía demasiado seguro en  mi ignorancia. Existe una máxima que nunca pierde vigencia “No nos gusta lo que no entendemos” o al menos lo que no nos damos la oportunidad de conocer.
El camino de la autodependencia no es un recetas ni  la Biblia de psicología. Son solo consejos que podemos tomar o no. Es mas el autor constantemente nos desafía a que contrariemos  sus propias palabras. Sus retractores hablan de continuos plagios. Pero cualquiera que escriba sabe perfectamente que siempre nos basamos en algo anterior. (Pregunten a quien escribió crepúsculo). Bucay constantemente nombra las fuentes de sus cuentos he historias agregándole una buena cuota de humor a temas delicados y complejos.             
El camino de la autodependencia es el primer libro de una serie de cuatro con los que el autor nos guía por nuestro camino interior. Con un estilo claro y ameno nos explica por qué no existe la auténtica independencia y por qué la dependencia no nos permite formarnos como individuos. Por lo tanto nos propone El camino de la autodependencia , un primer trayecto por conquistar, un punto de partida necesario que nos permitirá alcanzar la autorrealización, el éxito, la felicidad, o comoquiera que cada uno decida llamar a aquello que constituye nuestro único y más grande desafío. Quizá estos textos puedan servir a algunos de los que, como yo, suelen perder el rumbo y quizá también a aquellos que sean capaces de encontrar atajos. De todas maneras el mapa nunca es el territorio y habrá que ir corrigiendo el recorrido cada vez que nuestra propia experiencia encuentre un error del cartógrafo. Solo así llegaremos a la cima.
Denle una oportunidad que es lo peor que les puede pasar… Ya se, les puede gustar
9/12